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Las pantallas digitales deberían eliminarse completamente en las aulas de menores de seis años.
Una plataforma de expertos médicos y educativos en España ha pedido prohibir cualquier uso de pantallas en colegios hasta los seis años, y limitar su uso en edades posteriores para proteger el desarrollo neurológico.
Debate de actualidad del 31 de octubre de 2026
Argumentos a favor
- En los primeros años de vida el cerebro aprende sobre todo a través del cuerpo, el juego libre y la interacción cara a cara, y una pantalla puede desplazar esas experiencias que no se pueden sustituir.
- El lenguaje y la atención se desarrollan mejor con conversación, lectura compartida y contacto visual con adultos, y el contenido en pantalla tiende a ser unidireccional y a no responder a lo que dice el niño.
- Un aula libre de pantallas en esas edades ofrece una norma clara y uniforme, evita presiones entre familias y garantiza que todos los niños tengan las mismas oportunidades de aprendizaje, sin depender de su casa.
- Aplicar el principio de precaución es razonable cuando todavía hay mucho por investigar sobre el impacto de las pantallas en cerebros muy jóvenes, y es más fácil retirarlas después que recuperar el tiempo perdido en el desarrollo temprano.
Argumentos en contra
- Una prohibición total ignora que las pantallas pueden ser una herramienta útil si se usan con propósito, por ejemplo para ver una historia juntos, explorar imágenes o trabajar la coordinación, y el problema suele estar en el uso, no en el objeto.
- Los niños crecen en un entorno digital y la escuela tiene una responsabilidad de enseñarles a convivir con la tecnología de forma guiada, algo que resulta más difícil si el primer contacto llega sin acompañamiento en casa.
- Los docentes conocen a sus alumnos y deberían poder decidir cuándo y cómo usar un recurso digital, en lugar de aplicar una regla rígida que no distingue entre contextos, actividades o necesidades concretas.
- Algunos niños con necesidades educativas específicas se benefician de apoyos tecnológicos como pictogramas interactivos o sistemas de comunicación aumentativa, y una prohibición total podría dejarlos sin esas ayudas.
Para pensarlo
¿Qué criterio debería guiar la decisión de la escuela: una norma general para todos o la capacidad del profesorado para valorar cada situación y cada alumno?