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Hay que ser tolerante también con los intolerantes
Parte de la paradoja de Popper: ¿qué límite puede poner una sociedad abierta?
Tema de nivel 5 (Dominar) · Ética y filosofía
Argumentos a favor
- Una sociedad abierta necesita que sus ciudadanos puedan disentir y expresar ideas distintas; si se prohíbe a quien defiende la intolerancia, se corre el riesgo de que el límite se aplique después contra cualquier opinión incómoda para el poder de turno.
- La tolerancia ilimitada puede ser autodestructiva: si quienes propugnan la supresión de derechos ajenos tienen libertad total para organizarse y actuar, pueden acabar eliminando las mismas libertades que hacían posible el debate.
- Popper sostenía que la razón y el diálogo solo funcionan entre quienes aceptan jugar según sus reglas; quien rechaza el argumento y responde con violencia o coacción se sitúa fuera de ese terreno común y no merece la misma protección.
- Existe un deber de proteger a los más vulnerables frente a discursos o movimientos que buscan deshumanizarlos, y la tolerancia pasiva ante ello equivale en la práctica a abandonarlos a su suerte.
Argumentos en contra
- Quien decide qué es intolerancia tiene un poder enorme; conceder al Estado o a una mayoría la potestad de silenciar ciertas ideas abre la puerta a la censura arbitraria, porque la línea entre lo intolerable y lo impopular es difícil de trazar con neutralidad.
- Prohibir una idea suele convertirla en algo prohibido y atractivo, y la persecución puede dar a sus defensores una imagen de mártires; combatirla con argumentos, debate público y crítica social resulta a menudo más eficaz a largo plazo.
- La tolerancia exige precisamente tolerar lo que nos repugna; si solo toleramos lo que compartimos, la tolerancia deja de ser un principio y se convierte en mera conformidad con la opinión dominante.
- Las instituciones democráticas ya disponen de herramientas jurídicas para castigar actos concretos como la incitación directa a la violencia o la discriminación efectiva, de modo que no hace falta extender la prohibición a las ideas en sí mismas.
Para pensarlo
¿Quién debería tener la última palabra para decidir dónde termina la tolerancia, y qué garantías podemos exigir para que esa decisión no se use contra la propia libertad de quienes la toman?