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Los bancos deberían poder reestructurar créditos por desastres climáticos como El Niño
En Perú, Colombia y Argentina, entidades como BBVA e Intercorp revisan préstamos afectados por El Niño, con cláusulas especiales para sectores agrícola y pesquero. Noviembre de 2026.
Debate de actualidad del 2 de noviembre de 2026
Argumentos a favor
- Los desastres climáticos como El Niño afectan de golpe a agricultores y pescadores que no pueden controlar el fenómeno, y una reestructuración de la deuda les permite recuperarse sin perder sus medios de vida.
- Los bancos ya suelen adaptar plazos y condiciones en crisis económicas o sanitarias; aplicar la misma lógica ante una catástrofe natural es coherente con su función de sostener la actividad productiva de su zona.
- Si los créditos se ejecutan en masa tras un desastre, se destruye patrimonio rural y pesquero que tarda años en reconstruirse, lo que perjudica también a la economía local y a los propios bancos a largo plazo.
- Establecer cláusulas previas para estas situaciones aporta previsibilidad: productores y entidades saben de antemano qué ocurre si el clima golpea, lo que reduce la incertidumbre y el riesgo de impagos generalizados.
Argumentos en contra
- Reestructurar créditos por desastres puede trasladar a la banca un riesgo que corresponde gestionar a los propios prestatarios mediante seguros, ahorro o diversificación, distorsionando la disciplina financiera.
- Si el banco asume pérdidas sistemáticas por fenómenos climáticos, el coste acaba repercutiéndose en otros clientes mediante tipos más altos o menos crédito disponible para quienes no están expuestos.
- Las reestructuraciones masivas pueden crear expectativas de rescate que incentiven a asumir deudas excesivas en zonas de alto riesgo, en lugar de promover una adaptación a largo plazo como la construcción resiliente o el mercado de seguros.
- La decisión sobre cómo repartir las pérdidas de un desastre debería corresponder a los poderes públicos y a mecanismos de protección social transparentes, no a entidades privadas que actúan con criterios de rentabilidad y sin control democrático directo.
Para pensarlo
¿Quién debería cargar con el coste económico de un desastre climático: el agricultor afectado, el banco que le prestó, el resto de la sociedad a través del Estado o los clientes de la entidad?